¿Mitos o Realidades?

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viernes, octubre 20, 2006

Tabúes Tobas

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El tabú ha sido un excelente recurso de los pueblos ágrafos, para transmitir de manera eficaz determinadas reglas sociales, y sobre todos aquellas pautas culturales que tienen que ver con el aspecto moral, ético y la convivencia.

En todo el mundo, aquellos individuos que no alcanzaron a desarrollar algún sistema de escritura, apelaron al mito y la leyenda para plasmar en sus jóvenes aquellos códigos considerados importantes o esenciales.

Una de las formas más importantes de transmisión de ideología la constituyen los tabúes es decir el conjunto de prohibiciones que se dan dentro de un conjunto social y que castigan de manera diversa las transgresiones a la norma establecida previamente.

Los tabúes no son solamente prohibiciones rituales.

La zona del Gran Chaco, donde situamos históricamente la etnia Guaycurú, uno de cuyos subgrupos es el Toba, constituyeron éstos un campo propicio donde diversas configuraciones culturales se unieron, en un pasado muy lejano, para formar nuevas estructuras que a su vez influyeron en otras geografías vecinas.

De esa forma un tabú puede presentarse en zonas tan distantes como en Gran Chaco y la Península de Yucatán, con poca diferencia estructural entre ambas. Basta citar como ejemplo la prohibición del acercamiento al agua para la mujer menstruante o la del tabú del nombre de los muertos.

Profundizando en el estudio de estos preceptos tribales veremos la semejanza notable existente entre asentamientos del Viejo Continente y el Nuevo Mundo, aunque no haya existido algún tipo de conexión entre sí.

Quizá sea este un punto de partida para las teorías que hablan del origen del hombre americano, situándolo en Europa y Asia, llegados por mar o en migraciones a través de Alaska.

Más allá de las diferencias técnicas de los grupos étnicos. que responden a diversos estímulos del entorno, es indudable, que existen estructuras profundas que subyacen en el inconsciente de todos los grupos humanos, sean o no aborígenes.

De otro modo en la actualidad no habría tantas supersticiones, si la "civilización", producto del accionar de la educación, habría hecho comprender conscientemente el significado de tales creencias.

La mujer toba estaba sometida a numerosos tabúes, algunos de ellos se mantienen hoy vigentes aunque la exposición a poderosos estímulos culturales de la sociedad de consumo va borrando paulatinamente estos signos genuinos de su cultura.

Durante la época del período menstrual la mujer no podía comer alimento con grasa ni carne de animal, no se le permitía tener relaciones sexuales, no podía cocinar ni tocar los alimentos (caza, pesca o recolección) traídos por el hombre. Tampoco podía acercarse a él ni conversar o charlar con sus vecinos (a riesgo de volverse chismosa o charlatana).

El estado de impura hacía que se mantenga aislada socialmente mientras duraba su regla. Este tabú del período menstrual alcanzaba también a los hijos de la pareja y al marido, ellos no podían introducirse en aguas profundas ni salir de caza, a riesgo de sufrir desgracia personal, esto duraba hasta el fin del período de la mujer, su “impureza” acarreaba desgracias a la familia toda.

Estas prohibiciones tenían carácter preventivo. Durante el embarazo las prohibiciones aumentaban, protegiendo no solo a los integrantes del clan, sino para preservarla a ella en sus descendencias.

Una mujer embarazada no podía comer alimento sucio, por ejemplo batata picada por gallinas o fruta ensuciada por los pájaros, a riesgo de que el niño naciera con problema de visión. No podía mirar animales de feo aspecto, por ejemplo monos o animales muertos. Tampoco personas muertas. Estas prohibiciones prevenían contra parálisis infantil y los problemas cardíacos de sus hijos.

Otros tabúes se referían a las comidas, las mujeres no podían comer carne de animales de caza, o sea muertos en forma violenta (al dar vida se respetaba la vida ajena). No podían comer cosas picantes porque causaban mal de vista al hijo. No se podían anudar cuerdas para que su prole no nazca con el cordón umbilical enrollado.

Las relaciones sexuales estaban prohibidas a partir del 3er o 4to mes de embarazo, esto se mantenía hasta un año después del parto.

El marido de la embarazada tenía también sus tabúes, no podía matar animales porque ello significaba la muerte o distintos defectos físicos del hijo (comunión entre la naturaleza y el hombre). Es decir su alimentación dependía de la ayuda de los integrantes del clan al que pertenecían.

Esta prohibición de matar abarcaba también a los animales considerados peligrosos, como el gato montés o las víboras. Podía pescar pero no con anzuelo o lanza sino con red, de manera de no causar daño físico al animal. Ante el ataque de un animal debía huir sin devolver el ataque, pues ante el embarazo de la mujer no se le permitía ejercer violencia sobre los seres vivos.

Con respecto al tabú del silencio, llama la atención el poder de la palabra para los Tobas, el signo lingüístico trasciende la mera función comunicativa y adquiere nuevas y peligrosas significaciones.

El Toba no sólo reconoce la importancia del significado como tal, sino que tiene en cuento también el significante o imagen acústica como capaz de producir resultados adversos a la seguridad individual o social.

Otros tabúes son los relacionados con la astronomía, los Tobas eran sagaces observadores del cielo. Salvo los ancianos, que estaban exceptuados de estos tabúes, a los Tobas se les prohibía señalar el arco iris. Se consideraba que éste era una persona que mataba a la gente y raptaba niños.

Tampoco se podía contar las estrellas, ni mirar de frente a la luna, pues su brillo enceguecía a las personas.

Existían tabúes que afectaban a todos los integrantes de la tribu, por ejemplo tenían ciertas enfermedades o plagas que escapaban al control de sus hombres más sabios, los Pí oxonaq (brujos o hechiceros).

Entre estas enfermedades cuyo nombre tenían prohibido pronunciar, la más terrible era RALOGO se trataba de una enfermedad que mataba rápidamente y en forma similar a la peste europea. RALOGO era atraída por la voz humana, según su creencia, los niños eran castigados si pronunciaban su nombre.

Entre los Tobas era meritorio el aprender a guardar silencio o hablar sólo lo imprescindible. Los discursos estaban reservados a los jefes y ancianos que eran los poseedores de la sabiduría Era mal vista la persona charlatana y el interrumpir o levantar la voz en medio de los ancianos era motivo de severos castigos.

El tabú del silencio ante el nombre de ciertas enfermedades o el nombre de personas fallecidas puede ser un refuerzo hacia la practica del silencio o el hablar en voz baja. Cuando una persona de la tribu moría su nombre se transformaba en tabú, no podía ser pronunciado, los niños eran especialmente enseñados en esta prohibición.

No sólo el nombre del muerto era tabú, sino que tampoco se le podía mencionar por su parentesco (Ej. tío, abuelo, etc.). Esta prohibición era abandonada cuando un niño tomaba el nombre del muerto, esto sucedía en una ceremonia de iniciación, en la que se imponía a los niños el nombre de parientes fallecidos que guardaban cierta semejanza física o espiritual con éstos. Era el nombre adulto, antes llevaban el infantil y se consideraba el definitivo.
Por José Ramón Farias

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